
La madrugada desciende sobre mí,
como una manta,
como un encantamiento de rocío, estrellas y carámbanos oscuros.
Hace frío.
Me retuerzo entre las sábanas.
Oigo el sonido de una tripa.
Siento una que otra mirada afelpada de ositos y de vaquitas
y me levanto;
soñolienta, desesperada, insomne,
a escribir...
A escribir tonterías, es verdad,
palabras huecas y brutas que no hallan nada que decir,
que no encuentran romances que hechizar,
ni recuerdos lóbregos que llorar o enaltecer.
Palabras que sólo tienen frío,
hambre,
sueño,
cansancio...
Y un poco de aire viciado entre los dientes;
quizá una que otra pulga...
Palabras que tienen muchas ganas de salir, correr, brotar
a chorros, a disparos...
a llenar el mundo con sus muecas de ocio y de contento,
a gritar,
a volcar sobre la gente su aliento especiado y picante,
salpicado de lirios marchitos
y de algún nardo azucarado,
afilado por accidente...
.. y de volver,
cansadas y vencidas,
a mi boca, a mi cama, a mis poemas.
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