De los amores ridículos, los peores son los amores imposibles.
Pensar en el otro, pensar en nada, pensar en el infinito. Pasear los ojos por entre las hojas de los árboles, por las estrellas.
Esos amores ridículamente imposibles.
No sé si me curan o maltratan el corazón.
De los amores ridículos
Publicado por Antares en 22:17
Es tu Amor
Me debes venganza, amor.
Me debes sangre, flor
y lodo.
Me debes la pupila desvelada de la noche.
Me debes las perladas estrellas y las lunas
de tu plato sonriente.
Me debes esa caja del té,
la que te besaba las manos, los pies, las entrañas.
Me debes los besos de las otras bocas,
de las bocas rojas bocas negras
bocas todas bocas labios dientes
que suavizaron los tuyos lejanos de los míos.
Y me debes el dolor, la tristeza y la rabia
con la que tejí recuerdos y deshice fotos.
Con la que te mataba, te enterraba y luego te lloraba
para verte otra vez vivo y descubriéndome, desnuda,
por las madrugadas rizadas;
por los dedos chorreantes de la vida y de su risa de hiena retorcida.
Porque me debes Mi Vida, Amor.
La que te he dado.
Me la debes a cambio de la tuya,
que procuro... me la debes a cambio de las rosas
que me regalaste,
de las llamadas que perdiste,
de las palabras afiladas que acertabas en mi pecho,
con que, lentamente, me mataste.
Pero me hiciste vivir.
.
Así que...
Pensándolo bien...
ya no me debes.
O me debes, más bien, Nada.
Si Nada me has quitado, Nada me devuelvas.
Quedamos en paz y a mano...
Que es tu mano tibia lo que más deseo,
que es tu paz de vino la que más añoro...
Pero lo que quizá quise,
lo que quizá quiero... es tu Amor
... aunque no me lo debas.
Publicado por Antares en 21:56
Cito
Cito, a continuación,
tres razones para estar triste.
La primera: ser estrella
apagada en el cenicero cosmogónico de la existencia,
surmergida en cenizas apestosas,
el colillas húmedas,
en ascuas amarillentas, vulgares y apagadas.
La segunda: ser cadena
para las alas frías del destino,
para las personas amadas,
para las aves, para los prados,
para las hojas caídas por las brisas de otoño
y para mí.
La tercera: ser sueño fallido
del amor.
Del ideal distante,
de la distancia misma.
Del sueño mismo.
y lo peor... de mí.
Publicado por Antares en 17:55
Porque nos vamos
Lloremos, amor
por ti
y por mí.
Lloremos el destinio incierto,
el idilio vacío.
Lloremos tus ganas de matar.
de vivir...
De matarme.
Lloremos, Amor...
Por ti.... y por mí.
Y por todo este mar de flechas,
por este continente de infinitas soledades;
de verdades incompatibles,
de gestos y muecas desechas,
de besos falseados y abrazos mudos.
De la palabras muertas.
De poemas asesinados.
Lloremos el desastre de nuestras vidas.
Lloremos el amarnos, el odiarnos,
el olvidarnos un poco cada día
por temor al dolor,
por miedo a la felicidad ajena.
Tiremos, arrojemos, hiervamos
en puñales salados todos los insultos;
todos los ratos ahogados en la línea telefónica,
todos los rumores que se ahorcaron
entre toneladas de fibra
de vidrio.
Llorémosme... y llorémoste,
porque nos vamos.
Publicado por Antares en 20:22
Vale la pena
¿Para qué tanta letra, tanto desperdicio de papel, tanta tinta?
No me explico para qué, si al final de cuentas, sólo logro revivir esta amarga melancolía, esta tristeza que me devora la razón.
Resulta que al terminar el sendero, del otro lado de este túnel, no había más que esperanza. No había más que mentiras desgastadas por el viento; que risotadas etéreas y flotantes por la inmensidad.
¿Para qué?
¿De qué sirve el prometer de la existencia a tan alto costo: el de la soledad?
Algunos me han dicho eso: Que el SER lleva, oculto en sí, un arduo sacrificio: el sacrificio de la inocencia, inocencia que se pierde a cambio de un don divino, el de la Fe. Que el Ser como tal, con sus pros y contras, es el tesoro más preciado de la humanidad, el más dolido, el más costoso, el más inalcanzable. La más sublime de todas las letanías, la más amarga de todas las promesas de individualidad.
¿Vale la pena quedarse sola, si ese es el precio por ser, por hacer y deshacer? ¿Por constuir?
Publicado por Antares en 19:03
No existe el amor sin arte
No existe el amor sin arte: si no hay arte, no hay amor.
Sin arte, la luz se escapa. La sombra del amado se dispersa en partículas plateadas y abundan los fantasmas y el rencor. Sin arte, las palabras se vacían en el viento; la saliva de las flores forma remolinos, espirales, y luego se precipita hacia el desierto, hacia el abismo, hacia el rincón de los Olvidos y se empapa de llanto y humedad.
Sin arte, los besos son sólo eso: besos.
Y los abrazos son instantes mediocres de contacto temporal entre los cuerpos.
Sólo el arte permite volver bello lo que es feo; clarear lo oscuro, limpiar lo ahumado, pulir lo burdo.
Permite la existencia de la fe.
Ahuyenta la presencia del Olvido.
Publicado por Antares en 15:12
Profesor Gustavo
Querido Profesor Gustavo:
Hace tanto que no sé de usted, que "no le sé"... y justo ahora que me invade el iquieto rumor de su muerte, del cambio entrópico súbito y desgraciado de su esencia... me invade la melancolía.
No quiero que se muera.
Por favor, no muera.
¡Dígame que no está muerto!
Y dígame que sigue allí... para compartir conmigo su cumpleaños.
...porque ojalá estuviera usted aquí para revivir el mío, que se ahogó en el llanto de los otros y en mi propio llanto egoísta, malcriado e infantil; en el llanto de Mariana, en el llanto de Darío, en el llanto de mamá.
Y en su llanto.
Me acuerdo de usted ahora, ayer: todos los días. Me acuerdo de su abrazo, de su quietud, de la forma etérea de sus palabras y del gorrioncillo callado de su voz, de su corazón jadeante, de su bastón en mano y de sus letras, tan rasgadas, tan suaves, tan preciosas... de su soledad perene que llenó mi corazón.
Venga aquí... por favor. Se lo ruego, se lo imploro.
Vuelva, no se vaya usted también como me dejó Diego, como se fue Ruperto. No me vuelva la espalda como Raúl.
Quédese... llore conmigo la dicha y la desgracia. O no llore, no importa... pero oígame llorar. Siento tanto dolor, tantos celos, tanta envidia, ira, odio, miedo, angustia, frustración, que las pesadillas no me dejan oír los pasos en las paredes, y los fantasmas de mis demonios me acechan tras las veredas oscuras o en el fondo de los ojos de Miniño.
Miniño... ese Miniño... siempre tan lejado de mí y del mundo. Siempre tan lejano de sí.
Quien yo amo... quien quiero que me ame.
¡Mentira quien dijo amar sin esperar cariño aparte!
Miniño, que me da su soledad a cambio de besos, que me vende su amargura por abrazos... pero que yo se la compro por amor y por castigo.
Profesor Gustavo, venga. Vámonos usted y yo juntos, pero no al lecho de la muerte, sino al lecho del Mar, con las Ondinas y con Simbad. Con los tesoros perdidos y los monstruos abisales.
No se vaya usted también, porque lo extraño.
Mejor regrésese, despídase, dígame otra vez "Feliz Cumpleaños" y celébrelo conmigo, que tanto lo quise, véngase conmigo que tanta falta le hace... confíe un poco en mí que siempre busqué su amor, su respeto y su estima no por mis atenciones, sino por mis sentimientos, mis talentos y mi inmensa admiración por usted.... tan afín...
Y quizá demasiado serio, demasiado todo para una niña idiota como yo, tan boba y una sufrida.
No se vaya, Profesor.
No se vaya.
...Profesor Gustavo.
Publicado por Antares en 22:21
