Ay, mi Pueblo.
Tan ajeno para Dios...
Hundido en el sendero de los siglos,
pestilente a pólvora, o pulque; a democracia
Ay, mi Pueblo:
a la vez
tan lejano para el Diablo.
Tus montes, selvas;
tus cielos cuajados de astros zodiacales,
lloran
tu sepulcro en la Imprenta de los Infelices,
en la tinta carbonizada del Delito, de la sangre,
de las vísceras calientes de tus hijos destrozados
por los perros.
Oh, Paraíso de los Vientos,
Edén de mariposas,
Camastro de golondrinas,
Lienzo para garzas níveas,
que pintadas
por pinceles delicados,
reposan, con sus alas al óleo,
sobre las márgenes de tus ríos...
Ríos que se tiñen con las almas de tus hijos,
que se salan con las lágrimas de las viudas,
con los pies descalzos de huérfanos
que lavan su tristeza sobre las piedras,
sobre las espinas de los nopales.
Ay, mi Pueblo.
Tan ensombrecido... tan dolido.
Tan lleno de nubes cerradas que te obstruyen el paso,
que te tapan el Sol,
que te dejan frío, solo y tenue
bajo la luz cegadora del Mundo.
México
Publicado por Antares en 20:45
Ahora sí: Sin título.
Ahora sí es oficial: se me fueron las letras.
Dejé de leer, pierdo la concentración con facilidad; divago.
Mi maestra de Literatura comete errores o mete la pata y no me molesto en corregir o precisar.
No quiero llegar temprano a ninguna parte.
No compro tiempo aire para mi teléfono celular.
Alimento al hamster con mesura y doy más atención a los peces.
Pienso muchísimo es sushi (mi padre dijo que saldríamos hoy. No cumplió).
Me he levantado tres veces de la silla antes de publicar esto: me estoy quedando vacía.
Hago oraciones enlistadas.
Carezco de nexos lógicos.
Se me mueren las ideas.
Conexiones neuronales trenzadas me hacen creer que recuerdo memorias ajenas y que en mí vivien olores, sensaciones y prejucios que antes no existían: que no son míos.
Tengo sueño crónico.
Tengo pesadillas.
Volveré a los ejercicios básicos de redacción.
Una disculpa a todos, una disculpa incluso al libro que no puedo terminar de leer porque no me pica.
Publicado por Antares en 18:41
Latir
Latir del tiempo.
El corazón de la era se detiene
pulsa el aire.
Aves azules deshilan los brotes de la mañana
y bandadas de nubes cristalinas empañan
con sus gotas minúsculas de mar, de vida
el cielo.
A ojos cerrados
disfruto.
Tu recuerdo se lava
a lágrimas, a risas,
a saludos, besos y mordidas de otros.
La culpa se difumina
junto con el arome de tu cuello
y la forma de tu rostro.
El olvido, con sus saliva corrosiva
con su látigo hirviente
deshace el color de tus ojos:
tu iris de terciopelo se deshace,
con la velocidad de la noche,
en minúsculas partículas,
en chorros electrónicos,
en emisiones de luz...
y huye, hacia las estrellas,
donde mi lengua y mis besos no le hallen
donde viva feliz: implosionando.
Cae la oscuridad,
mi voz sonríe.
Ya no recuerdo tu cara.
Publicado por Antares en 19:19
¡Y dices que mi fe no es verdadera!
Acércate.
Sé testigo de las ansias que tengo por vivir.
De mi institinto,
siente el olor de la superviviencia cocinándose en mis poros
y mira como estos ojos ojos se ensalzan
con la vista del Océano rojizo y desprendido
de tu derrota.
Perdiste.
Acéptalo: perdiste.
Me amases, o no me amases,
te jugaste el todo por el todo,
me pusiste un arma en las sienes,
una corona de espinas envenandas en el corazón
y me cantaste (qué va, me gritaste) tu himno favorito,
la canción más ardiente y efectiva que te sabes:
"Renuncia, renuncia, renuncia, renuncia!
Deja tu vida, de tus sueños, déjate tú embarrada contra el piso,
limpia la suela de mis zapatos con tu esencia
y déjala en la basura
donde tiene que estar..."
Y yo lloré... lloré mucho.
Lloré tu estupidez, tu rencor, tu mal cariño...
Te abrazé, presionando mi pecho contra el tuyo
para que sintieras
el calor, la tibieza, el poder de mis latidos
y descubrieras
todo el Amor que yo guardaba... el Amor que te tenía.
Pero me tomaste por el cuello,
me acorralaste, jugaste y amenazaste...
Me dijiste "Nena, lo nuestro no se puede,
Ten; trágate estas piedras y dime adiós".
Y yo, con los ojos enlutados y el alma cabisbaja,
primero tomé aire,
luego lancé un suspiro....
Y ahora, de frente, le lo digo, grito, escupo y envío:
"¡No!".
Publicado por Antares en 16:05
Nosotros
"La Luna" dicen todos.
"La Luna" decimos nosotros, los enamorados.
"Cuando mires la Luna, ten la certeza de que lo hago yo también, y pienso en ti" Se susurran los amantes por entre el rumor de las horas.
Hoy, miro el disco argentado reluciendo entre las nubes rasgadas, mordidas, esparcidas y llanas, en un terciopelo profundo de azul, recuerdo y pena, y pienso; no, más bien sé que tú no ves lo mismo que yo.
Tú debes estar levantando castillos, combatiendo dragones y demonios, demoliendo ciudades.
Yo sólo me limito a ver la Luna y a pensar en ti.
Eso... no puede ser bueno.
Publicado por Antares en 17:07
Me das mucho miedo cuando te disfrazas de ti
Me da mucho miedo
cuando te disfrazas de ti
y te vistes, con tu sombra,
de trabajo, incertidumbre, estrés y angustia.
Entonces te creces, como un árbol alto, frondoso,
imponente y real.
De esos a quienes la brisa susurra entre las ramas
y mece en las tardes del ventarrón,
haciendo aullar a las hojas... y a los perros.
Me haces chiquita, chiquita,
como figurita freudiana,
y el viento helado que se filtra entre tu copa de arce,
de abedul,
me alborota el pelo y las mejillas.
Me enciende los labios, me calibra la sangre...
Y me envuelve la penumbra de tu abrazo,
de tu fronda paterna.
Me presiona contra el suelo, contra la Tierra,
quiero volverme arena, ardilla, ave, nido...
Tu nuevo Yo, tu nueva forma
me sepulta entre las grietas abiertas
que se abren al atardecer.
Huyo de ti.
Tu follaje me persigue.
Ahora eres tú-amate.
Tú-helecho.
Tus esporas, frutos y semillas vuelan,
reptan, germinan y se expanden hacia mí...
y entonces yo me entierro entre una camilla de hojarasca.
Tú-imponente,
tú-disfrazado de ti,
tú-árbol, tú-distancia
te me acercas... extiendes tus lianas, atrapas mis tobillos,
reptas por mi cintura, por mi espalda, por mi cuello,
entras por mi tráquea... me inundas, me infectas, me inmovilizas;
tus brotecillos verdosos comienzan a crecer por entre mis dedos
y unas cuantas flores estallan en mi vientre,
pero me ahogo...
Y se me enciende el alma de incendiaria de repente,
y deseo quemar tu basta mundo, tus bastas ramas, tus bastas sombras
tu basto Tú.
Publicado por Antares en 20:55
Volveré
Una se levanta,
se sacude la tierra acumulada,
la arena incrustada en los pliegues ardientes del Destierro
y se prepara, con la misma necedad cósmica,
con la misma persitencia cronométrica, armónica y desatada
de las olas cristalinas (poderosas, afiladas) que deshacen
las espumas marinas
en minúsculos cristales de oro, brisa y sal.
Volver...
una siempre vuelve.
Se yergue de entre los muertos.
Renace de los trozos mordisqueados por las fieras
que los Otros,
presas de arrebatos amorosos, fúricos e infernales
han esparcido por los caminos empolvados de la Cotidianidad.
Y a veces una llora,
llora su dolor y su destino:
la condena de ser el fanstama inmortal que ronda
los pasillos azarosos del recuerdo, o del olvido,
completamente ciego, completamente mudo;
bañado, salpicado, señalado
por el resplandor pálido que le confieren el paso de las horas,
de los días,
de la eternidad.
Entonces, la Tierra se abre
y sus entrañas desnudas se muestran
cálidas, maternales, dolientes
a los ojos destruidos del espectador...
Y la concienca cae en un sopor de ensueño
y se refugia en el vientre del Planeta
a soñar, a crecer, a querer, a esperar
que la semilla de su Fe brote por entre los campos verdes
y amarillos
de los prados silvestres de la Creación.
Sueño, me gesto
en las salas oscuras de la Espera,
en los espacios vacíos de la asuteridad.
Volveré.
Publicado por Antares en 20:12
