Favor de acariciar a la Rocamadour.

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En mi cabeza



Es un sedal de oro,

un hilo fino de pelusas matutinas,

de cafés ahogados en el crepúsculo sangriento,

y en las Lunas Llenas.


Dentro de mí,

se ataba a mis rodillas,

a mi vértebras,

a mis pulmones y costillas

y halaba cuando te hartaba la vida,

o te inconsumaba el olvido de las hojas y de las gotas de rocío

en las barandas.

Entonces yo lloraba tus sueños estrepitosos

y lóbregos

en un conjunto convulso de vacilaciones, lágrimas y saliva

y te pensaba

en los rincones,

en las estrellas,

en las noches,

en mis poemas...


Hasta que te filtraste uno a uno,

en una letra primero,

luego en una frase...


Hasta que una Luna enorme y herida

se posó

para siempre

en mi cabeza.

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De la Noche



Dos lobos
en la noche
se encuentran
bajo el manto estrellado de la madrugada.

Son las 4, los astros brillan con audacia
y
agreden
con su fuego
las pupilas caninas...
las luces rebotan en los colmillos que se muestran,
dentelladas vuelan por el aire,
irrumpiendo,
en destellos amarfilados,
en una una lluvia de chispas y gruñidos.

Un aullido feroz zurca
con su vuelo estrepitoso,
el prado,
chocando con los árboles
y con la Luna...

Me despierta...

Tus labios chocan con mi espalda: duermes.
Tu mano,
lánguida,
reposa en mi cintura.
Estás temblando...

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Hoy es noche de poemas


Es como su fuésemos distintos;
como si cada quien
en su mundo - trinchera,
susurrara palabras de amor y de consuelo para el Otro,
sin ser oído
o
siendo malinterpretado.
Es como su fuésemos de mármol,
uno y otro,
y como si nuestros labios fuesen
como el alabastro pulido de los obeliscos:
bello, fino, cortante...
frío como un trozo de hielo pendido de una flor de la mañana.
Y los besos son como pétalos áureos de la brisa;
fugaces, pasajeros:
delicados, como un ave en celo...
pasionales, como el viento huracanado del temporal...
o tristes, melancólicos, ocultistas; como los gatos
que poblan los tejados de los monasterios
o las estrellas, que desprenden destellos filocortantes
al resto de los astros de la Creación.
Somos dos notas
(yo soy Re, tú eres Fa si quieres)
tocadas a contratiempo;
como dos partes de un Cannon que nunca existió.

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Para alguien que nunca existió



Ya tantos días… y las noches.
Y los Sueños.
A cada instante te me metes en los poros y me respiras,
Con tu hálito de dientes y de autofagias sobrepuestas,
Sobrecogidas,
De alambradas errantes de trémulas ocasiones del fracaso.

Caray, vaya que me haces falta…
Vaya que cada minuto en que pestañeo, pierdo
A momentos desesperados,
Un trocito de paz y de tristeza.

Me siento triste,
Y triste y sola,
Porque tú no estás aquí…

Y todos estos besos y abrazos se me coagulan en la sangre,
Y hacen, del tracto vascular, toda una lucha implacable de arroz y de vino:

De vino blanco, cristalino,
Como las gotas de rocío sobre tus pestañas,
O sobre tu boca húmeda, entreabierta,
En un beso eterno para alguien que nunca existió: Yo.

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To much better



No.
Ya no más de esto, de lo otro
de lo mismo.
De lo inmutable, de lo intrascendente, de lo mortal;
de lo meramente inalcanzable, polarizado
y tóxico...

Ya no más.
No más juegos calcáreos de felicidad,
de orgullo,
de fingidas esperanzas.

Yo quiero Amor, poemas,
versos completos...

No mamadas.

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Morir


Soy como una paja,

como el resto de un cristal horadando,

impío,

tu calzado de gamusas coloridas y aterciopeladas.

Soy un animal pútrido,

una hierba rastrera empapada de lodo y de tristezas

que empaña

que ensucia

la balustrada añil de tu antesala

con toscas ilusiones y deseos necios,

con malos Te Quieros,

con enfermedades asquerosas, indeseables e imperdonables.


Yo, la eterna pecadora.

La que nada lleva encima,

la que nada vale.


La que no te despierta nada,

más que compasión, odio y pesadillas.

Malos sueños,

y el amargo de la boca...


¿Qué soy yo yo, entonces?

¿Una serpiente enferma?

¿Una rosa muerta tirada, olvidada,

humillada, mancillada

por el resto de la suelas de los otros?

¿Quién soy yo?

¿Un deseo moribundo?


Si acaso soy lo que nadie más en el mundo,

quiere ser.


Aléjate, si tanto me desprecias.

Porque hasta las arañas, los lagartos y las fieras,

sentimos.


Pareciera que te estorbo,

que no te soy nada!

Que te paso por el buche como un agua sucia de hastío y de destrozos,

que soy algo repudiable, tonto, desechable;

mis dedos,

en tu cabello,

o acariciando tu rostro,

son gusanos húmedos y fríos

que se arrastran en tu piel como insectos suplicantes,

moribundos...


... y yo me quiero morir.

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Querer Saber


A estas alturas
yo ya no me pregunto si me quieres

porque es misterio incorpóreo de voces susurrantes
lejos de mis alas tiernas y doloridas.

A estas alturas
saberlo es poca cosa

saberlo involucraría razonarlo
analizarlo
masticarlo bajo el matiz rosado de la lengua
que recita odas hacia lo tosco y lo maldito.

Querer Saber
es una necesidad increíblemente austera
que me invade el alma en las tardes frías
o en las mañanas nubladas
y
de vez en cuando
me cubre la vista con un manto acuoso de dudas y de revelaciones...

pero ya no quiero preguntarlo más.

Ya no quiero formular palabras en mis labios
que floten, irreversibles
hacia tu rostro y te golpeen,
como una lluvia de reproches y de interrogantes
haciéndote girar la cara,
apedreado...

porque mira que es terrible quedarse sin tus ojos,
sin tus labios delgados,
o tu sonrisa cerrada e insinuante...

Yo no quiero saber, ni preguntarte
por miedo a que
uno de estos días simplemente digas:
"no, no te quiero"
y yo deba irme sonriendo amargamente
porque mis lágrimas son demasiado idiotas para semejante pena y desilución.

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