Favor de acariciar a la Rocamadour.

3 comentarios

Todo Ocurrió


Todo fue como debió:
Frágil, limpio, sencillo.

Sonaron campanillas incrédulas en mis cabellos
Y,
Bajo tu rostro
Se agitó el Mar que te posee (a veces)
Que me mostraste.

Todo “fue” como debía
Pero
¿Cómo debía?
¡Cómo debía!
¿Cómo? ¡Debía!
¡Cómo! ¿Debía?

En filamentos, Señor… en Filamentos.
Mi poema se peina con cánones estridentes,
Ahumados,
Con voces heridas de intransigencia absoluta.
… éste lo maquillé con reproche, con mordida,
Y lo quiero en ti,
Prendido de tus labios (contemplativos) de la Razón,
De la cordura.

(El mayor Reinado de tu candor, de tu encanto,
Se esconde al fondo de tu garganta…
Garganta…
Garganta….
Voz, voz, voz….
Recuerdo)

3 comentarios

Ideales (segunda parte)


CAPÍTULO UNO

La mochila se vuelve pesada a cada paso. Hay charcos en su camino y lodo fresco bajo sus pasos. El viento le azota una gélida llovizna en la cara y, en las manos, le cala un frío que entumece sus dedos, sus esperanzas.
Más allá, a unos cuantos metros, el edificio bajito, compacto, se impone a su vista que vaga de detalle en detalle, de gota en gota, de nube en nube. Los cristales de sus lentes están empañados con la lluvia y el fleco, ya empapado, resbala constantemente sobre su rostro.
Alcanza techo. Aún así, resbalan gotones pesados por el filo del descanso que le calan por la espalda, por los brazos. Se recoge en la pared; coloca sus cosas delante de sí y avanza, con cuidado. Huye del agua que la ataca con su brío, con su insistencia. Allá, sobre un árbol, una nube se descubre y deja ver, con un brillo tímido y sosegado, una estrella nítida, enorme, regia. Venus le ilumina los ojos con el Arte, con el resplandor.
— Belleza es Amor.- Susurra, y camina de nuevo, constante, cabizbaja, meditabunda, hostil.

Tu vista me sabe a mar, a esperanzas. / El verte me hace soñar, sentir que sueño.

— ¿Fer?, ¿Fer?... ¡Rabanito Girl!... ¡Rabanito!
—No mames, Mariana, me asustas. ¿Qué pasó?
— Despiértate, burra. Ya llegó la maestra.
— Ah, caray. Se me fue. Hasta estaba soñando, güey.
— Si, si… si nos dimos cuenta.- Risas.

De la nada, una muchacha menuda gira el rostro y las mira.
— ¿Qué de qué, o qué?
— Nada, Ingrid. Esta chamaca aquí; de irresponsable. Mira, ¡tiene la baba por toda la cara, jajaja!
— Cállate Mariana.
— Oye.- dice Ingrid y mira ansiosa hacia la puerta.- ¿y Dinorah?
— Yo que sé.- Fer se recoge de nuevo dentro de sus brazos y se acuesta sobre el pequeño escritorio.- Esa mujer siempre llega tarde. – Bosteza.- Déjame dormir, güey; ¿no ves como vengo?
— No, Fer. Ya te dije que no. – Contesta Mariana agitando vigorosamente un dedo frente a su rostro somnoliento. – Tienes que tomar los apuntes para que nos los pases, eh.
— Mira, ya llegó Dinorah. Que los tome ella, ya le toca. Mientras déjame dormir. Anoche no dormí nada, estaba soñando un buen de cosas…
— Ya, Fer.- Ingrid gira la cabeza de nuevo. El cabello lacio de su coleta roza ligeramente el rostro agotado de Fernanda.- Dinos con quién estás soñando. Ya van varios días que te vemos así.
—… ay, mujeres… si yo les explicara…
Risas poderosas, estridentes. En los lugares cercanos, los demás estudiantes se interrumpen y voltean a mirar qué es lo que pasa. A unos lugares, un muchacho ríe; no demasiado.

CAPÍTULO DOS

Es frágil la conciencia. / La inconciencia se vuelve ley. / Contemplarte entre la una y la otra se hace brisa, se vuelve romance…
El amor es belleza/ ¿lo ves?

— Fer, ya me aburrí.
— Yo también, Mariana.

En la hoja de papel, un poema inconcluso agoniza entre suspiros y muere. No queda más por hacer. El papelito yace mutilado entre caos de las materias y al verle tan inútil, tan gris, tan fallido; Fernanda le toma, lo aprieta entre sus manos y ahora le contempla convertido en un fantástico proyectil. Mira su objetivo: Un muchacho que escribe concentrado en su libreta el apunte aburridísimo del pizarrón.
— ¡Como vas Fer!, ¡como vas!, ¡dale!
— Cállate, Dinorah. Me desconcentras.
Le apunta y con decisión y maestría; ¡Pack!, la bala inofensiva se impacta contra la nuca del muchacho. Hay sorpresa en su rostro; voltea rápidamente la cabeza y la mira allí, fingiendo estúpidamente su inocencia mientras disimula la sonrisa traviesa de sus labios. Ella le mira disimuladamente mientras él vuelve a su libreta, a sus apuntes. En los labios de él, hay una esperanza de sonrisa.
— iiiiih… no, Raúl. Yo que tú…- Mario agitaba lentamente la cabeza. – Ten dale con esto.
— Espérate, Mario. Ahorita.

A veces, el mundo se vuelve roca / pedrusco inanimado. / Entonces, el aire vuélvase gris / y el cielo triste, caído, ahumado…/ y me pesan los pulmones / me pesa la vida / me pesa el camino perdido… / recuperado.
La Belleza es Arte, ¿lo sientes?


— ¡A Fer le gusta Raúl! ¡A Fer le gusta Raúl!
— ¡Cállate, Dinorah!, no es cierto…
— No pues, Dinorah. No seas mentirosa… a fer le gusta mi primo, ¿verdad?
— No mames, Mariana.
— ¿qué pasó? ¡Díganme!
— ¡Voltéate, Ingrid!... Éstas están acá, buscándome novio.

Luna, Luna Roja… roja.
La Luna se estrelló en el cielo/ Sangra por la comisura de los labios. / Me sonríe. / Me llena de sueños regordetes, / me procura, me cuida. / me vuelve huerto.

— ¡Órales!... ¡yo ayudo!
— No, Ingrid… que es jalada nada más…
— Sí, Fer… hay que hacer eso.- Apunta Dinorah.- vamos a hacer experimentos contigo ¿va?
— A ver, Fer ¿Con quién quieres?
— jajaja, para mí no es tan fácil querer con alguien nada más así; tiene su proceso…-
— Ya sé… quieres con el Tipo del Eclipse, Fer.
— Dejen al pobre Juan en paz, jajaja.- En su hoja florecía un nuevo poema.

El silencio se hace grito ahogado en letras / en comisiones. / Bajo el ardor de un delirio acompasado / muere la esperanza del resplandor / de la paz…/ El Arte se vuelve Amor; el Amor, Belleza; la Belleza, Luz; La Luz, Estrella; La Estrella, yo.


— Al menos podrían ser más discretas ¿no creen?- Fernanda agita la cabeza.

La mochila es pesada. Hiere a cada paso… duele.

2 comentarios

Ideales

CAPÍTULO UNO

La Guerra. Por los valles, por los prados y los montes, hay batallas violentas, infectadas de saña, de vacío.
Muy lejos, escondido por la paz de un campo verde, un pequeño campamento se yergue solitario e impasible. Allí, por las hojas de los árboles, por el viento que corta los labios y hiere los ojos, se oye el rumor de la lluvia fría y cruel.
La tormenta se desprende sobre el mundo, sobre las armas. Las gotas heladas agreden la tela de una tienda remota y escondida, colándose a veces en forma de tímidas goteras que escurren por los múltiples remiendos. Aquí, bajo el furor del compás de su caída, se hallan dos comensales que beben juntos una botella de licor sentados en el suelo austero de la tienda. Uno de ellos, una mujer, rodea con los brazos sus rodillas y frunce el ceño, pensativa. Con una cara de notable angustia cierra los ojos y toca, con sus dedos trémulos, una de las heridas ya sanas de su cara. Con la otra mano, agita el vaso con licor.
— ¿Qué vamos a hacer? – Dice sacudiendo la cabeza y echando el cuello hacia atrás mientras una lágrima sutil de frustración escapa de sus ojos.
De repente se incorpora y, furiosa, destroza el vaso aún lleno contra el suelo.
— Tranquila – Responde el muchacho. – Ellos no saben nada. Tienes que disculparme que no haga nada más por Esto… pero sería arriesgado. Te pondría en peligro; y al Movimiento también…
— ¡Pero dices que las tropas se mueven en dirección nuestra!... ¡las tropas!... ¿de cuántos hombres hablamos?, ¿¡cinco mil!?
— ¡Ellos nunca hallarán este lugar!… están ocupados rastreando las montañas. El valle es seguro...
— ¿Qué ocurrirá si nos encuentran?- Caminaba por la tienda con una mano sobre los ojos. Quizá lloraba.
— No los hallarán…. Yo… yo… ¡Diré que huyeron!, que se escondieron en los prados del oeste…
Ella dejó de vagar y se detuvo de pronto. Abrió los ojos muy grandes, como platos…
— ¿Fernanda?... Fernanda, ¿qué te pasa?
Resonaros gritos a lo lejos.
—No- murmuró él de modo casi imperceptible con angustia en los ojos.- ¡¡Espera!! ¡No salgas!

Fernanda irrumpió en el exterior. La cortina de agua era tal que no veía con exactitud casi nada. A su alrededor, se agitaban hombres en revuelos y estampidas… Había disparos en el aire que pasaban zumbando a su lado…
Entonces, con la cara empapada y las manos entumecidas por el frío, se disponía a tomar el arma de su cintura, cuando cuatro manos la sujetaron con fuerza y la tiraron al suelo de rodillas.
— ¡Alto!-Gritaba el muchacho a sus espaldas. — ¡Alto! ¡Esto no es lo que parece!
Ella permanecía con los ojos cerrados. Su gesto era tranquilo…. Una sonrisa atravesó por sus labios cuando el gatillo chasqueó con la explosión repentina de la muerte. Sintió la bala atravesarle igual que las palabras que mataron su esperanza:
— General Juan Antonio; está usted acusado de Alta Traición.

CÁPITULO DOS

La celda es pequeña y fría. Por los barrotes, una serie de guardias vacíos se pasean.
Dentro, un muchacho devorado por un uniforme se arrincona en una esquina sucia de su cárcel. Su mirada no recae en los guardias que lo burlan y lo insultan, sino que atraviesa las paredes… los horrores.
Su cuerpo está molido a golpes por los hombres; su sueño, molido por la muerte. En su mente desfilan pesadillas reales… y ficticias, y tras todo esto; tras de él, tras la celda, tras los guardias, el patíbulo se extiende con su furia incontenible. Más allá, no hay más lluvia. La batalla se ha suspendido y los cuerpos de los rebeldes que cayeron se esparcen por el suelo aún en llamas. Hay escaramuzas en los valles todavía, pero son de rencor… y de tristeza. En el valle emboscado hay ya tumbas, pero el cadáver de Fernanda no yace allí.
El gobierno le condena al fétido horror de una fosa común.
Con la Comandante del movimiento Disidente, muere también la Revolución Arrealista Sociomexicana.

El General oye la prédica humillante del ministro en su silencio enclaustrado, puede sentir el hedor del agujero que se abre en la tierra aún blanda, ve el cuerpo de su amiga aún tierno, aún blanco, arrojado por las manos de carniceros hambrientos de dinero y de poder. En el monte aúlla una alimaña.

— ¿Sabes? No sé cómo te sientas tú, pero a mí me encantó que hayas venido. ¡Eres una persona maravillosa! Por favor… nunca cambies.
— Me esmeraré en ello, confía en mí.

En la lejanía resuena el saludo a un oficial. El sonido de los tambores irrumpe en el aire.

— Espero que te guste la pizza hut, ja ja ja... ¿te importa si la pedimos de champiñones?
— Sí, está bien, pero… ¿No tienes frijoles?- Risas.

— Levántate, pinche marrano. Te llegó la hora.
Cuatro manos lo sacan de la celda y lo llevan a casi arrastrando por los sucios pasillos de la prisión. Sus piernas no responden… Él ya no está allí.

— ¡En serio!- Risas- Te digo que seré socialista… me voy a poner allí, con los manifestantes de la UNAM…a hacer paros y eso. – Risas- Yo creo que hasta a la revolución voy a llegar…
— ¡Sí!, entonces tú harás las revoluciones y yo iré a reprimirte.-Risas- No, ¿como crees? Seré tu espía en el bando contrario.
— Jo jo… y cuando te descubran y te juzguen por Alta Traición al Ejército, iré a recuperar tu cadáver de la fosa común…
— Uy, que optimista.- Risas.

— General, está usted acusado de Alta Traición al Ejército al verse sorprendido negociando con el enemigo. El Supremo Tribunal Militar le ha condenado a…- Los presentes toman saliva.- Morir fusilado.
Los tambores suenan con estrépito. Cinco militares marchan en fila hasta colocarse frente al patíbulo. El General es colocado frente, lo atan y lo abandonan en la pared ensangrentada.

— Es una lástima que quieras ser militar… Me encantaría que estuvieras de mi lado.
— Lo estaré. Tú sabes que los militares no me inspiran mucha lealtad.
— Entonces… tú y yo haremos grandes cosas… ya lo imagino; la Revolución Arrealista Sociomexicana.

… En su delirio estrecha una mano invisible entre las suyas.
— Te fallé.- susurra.
Y una voz en el viento responde: “No, nunca me has fallado”
— ¡Atención!
¡Preparen!
¡Apunten!...

— Nunca tengas miedo de decepcionarme, ¡nunca lo harás!

— ¡¡¡ Fuego!!!

— Aunque mis ideales fallaran, sabes lo mucho que te quiero. No por eso lo haré menos.






0 comentarios

A verso libre





Ahora
que hay hielos sobre el azul,




y que tras el aire que atraviesa,
que desangra (risueño);
hay vacíos desesperados de paz en llamas
Quizá me atreva a afirmar:
(No lo sé; nunca sé nada)




Que te temo,




Que te tengo un miedo azul,




Un miedo trémulo...
Infiltrado...




Un miedo verdadero pero
quizá irreal.




Te tengo un horror plausible de poema.




Te veo tras trozos de cristales ahumados,
tras trozos de cuarzo rapaz de hipocrecía.
o quizá de amor...
o quizá frambuesa.




Tu vista de lejos, de frente,
de atrás, por ambos lados...
me sabe a mar,
a rizos frescos...
A verso Libre.

1 comentarios

a Charles Ruhan


Cabalgante.

Rapaz.

Agua soñada de mares enclaustrados.

En tu trabajo de artesano, de joyero;

tus manos reposan incansables bajo el telón de la sorpresa;

del delirio vital.


En el río donde vierten sus aguas tus deseos,

donde tus hilares se bañan por las tardes,

donde tus sueños corretean sin censuras;

crece el ámpula eterna de mi misterio,

de mi atractivo,

de mis proyectos sanguinarios de belleza idealizada.....


Tengo miedo.

Tengo miedo de la duda y del destino.

Tengo miedo de la lluvia fría de materia,

de cerebro azul encarnizado....

soy azul....

y soy cerebro.

Será que me temo a mí misma?


A la vez, soy la lluvia que besa tus labios,

que borda de cálidas bisagras tus sábadas de luto....

soy ideal....

soy calor imaginario.

y soy Textual y Seria...

como la Soledad,

como el Vacío,

como el Amor.

1 comentarios

Particula


Soy arena...


me reseco en las playas de la mente,


me introduzco en las grietas de tus labios,


me deslizo en el matiz de tus sentidos


...y te hechizo.


**


Ya en tus sombra,


ya en las verdades de tu alma,


en tu garganta;


me desdoblo de la faz de mi miseria...


y te hiero



Soy ventisca...


viajo con la risa de tus pasos,


me arrastro tras la luz de tus amores,


invado tus razones, tus desmanes...


me vuelvo agua y cardo,


me vuelvo lluvia....


...y te domino



Soy lamento,


porque me enredo en las visiones de tus besos,


me desgarro bajo el mar de tus palabras,


me retuerzo en el fervor de tu cariño....


y me arrepiento.

2 comentarios

A la Contemplación Sublime


Allí, tras de la penúltima hoja, se encontraba la Amada.
Imposible de contenerse, a cada instante, a cada minuto, recorría las hojas del cuadernillo para encontrarse con ella...
Su mano acariciaba el reborde de su cuerpo y con sus ojos, corría por el misterio puro del enigma... Silabeando cada nota, sintiendo correr por sus sentidos el manantial iluminado de su paz invisible, de su ritmo, de su música.
Todos los días, a todas horas, la Amada le esperaba allí, en su escondite; aguardando la sed inconsumible, incontrolable de aquél muchacho que, desatado en el encanto infito de la magia, se sumergía en el hechizo sutil de la poesía... y Ella le recibía feroz y eterna. Acariciaba sus cabellos, le cantaba canciones dulces al oído...
Entonces, el muchacho, ebrio de mar y de luces, de sueños, de mundos, de palabras; caía dormido con SU poema, con SU amada, entre los brazos mientras sorbía de una copa de añoranza y de tristeza al recordar que, aquella magia inagotable, aquella nube libre, descarriada; nunca sería una Mujer.

Creative Commons License
Líneas de Ocasión by María Fernanda Pérez Ramírez is licensed under a Creative Commons Atribución-No comercial-No Derivadas 2.5 México License.