Ay, Ruperto.
¿Qué te crees para morirte?
Prometeo
¿Por qué?
Porque hay más que el sufrimiento humano.
Porque tras el miedo, hay amor.
Tras el amor, olvido.
Tras el olvido, Cielo.
Tras el Cielo, Mar
Mar de nubes, Mar de llanto
Mar de mares
que derivan entre cálamos batientes
y que llegan más lejos que los gritos,
que las llamadas terrosas de las aves
vencidas
que naufragan por los besos del viento
con las alas sedientas,
con las plumas incendiadas de sol y de verano.
¿Por qué?
Por eso.
Por eso mismo.
Porque me gusta mi mundo,
mi momento.
Porque me quedo
con mis ganas de beberme el cofre cerrado de la noche,
de infectarme del veneno de la vida
que resuella, sueña: irrumpe
en el lienzo fermentado de los anales del tiempo
cultivados
en el terruño aromático y salvaje de la Creación.
Por eso,
por eso que me quedo
a escribir
a amar
a llorar.
Por robar el fuego,
junto a Prometeo,
de las narices boludas y ebrias de los Dioses.
Publicado por Antares en 22:25
De los amores ridículos
De los amores ridículos, los peores son los amores imposibles.
Pensar en el otro, pensar en nada, pensar en el infinito. Pasear los ojos por entre las hojas de los árboles, por las estrellas.
Esos amores ridículamente imposibles.
No sé si me curan o maltratan el corazón.
Publicado por Antares en 22:17
Es tu Amor
Me debes venganza, amor.
Me debes sangre, flor
y lodo.
Me debes la pupila desvelada de la noche.
Me debes las perladas estrellas y las lunas
de tu plato sonriente.
Me debes esa caja del té,
la que te besaba las manos, los pies, las entrañas.
Me debes los besos de las otras bocas,
de las bocas rojas bocas negras
bocas todas bocas labios dientes
que suavizaron los tuyos lejanos de los míos.
Y me debes el dolor, la tristeza y la rabia
con la que tejí recuerdos y deshice fotos.
Con la que te mataba, te enterraba y luego te lloraba
para verte otra vez vivo y descubriéndome, desnuda,
por las madrugadas rizadas;
por los dedos chorreantes de la vida y de su risa de hiena retorcida.
Porque me debes Mi Vida, Amor.
La que te he dado.
Me la debes a cambio de la tuya,
que procuro... me la debes a cambio de las rosas
que me regalaste,
de las llamadas que perdiste,
de las palabras afiladas que acertabas en mi pecho,
con que, lentamente, me mataste.
Pero me hiciste vivir.
.
Así que...
Pensándolo bien...
ya no me debes.
O me debes, más bien, Nada.
Si Nada me has quitado, Nada me devuelvas.
Quedamos en paz y a mano...
Que es tu mano tibia lo que más deseo,
que es tu paz de vino la que más añoro...
Pero lo que quizá quise,
lo que quizá quiero... es tu Amor
... aunque no me lo debas.
Publicado por Antares en 21:56
Cito
Cito, a continuación,
tres razones para estar triste.
La primera: ser estrella
apagada en el cenicero cosmogónico de la existencia,
surmergida en cenizas apestosas,
el colillas húmedas,
en ascuas amarillentas, vulgares y apagadas.
La segunda: ser cadena
para las alas frías del destino,
para las personas amadas,
para las aves, para los prados,
para las hojas caídas por las brisas de otoño
y para mí.
La tercera: ser sueño fallido
del amor.
Del ideal distante,
de la distancia misma.
Del sueño mismo.
y lo peor... de mí.
Publicado por Antares en 17:55
Porque nos vamos
Lloremos, amor
por ti
y por mí.
Lloremos el destinio incierto,
el idilio vacío.
Lloremos tus ganas de matar.
de vivir...
De matarme.
Lloremos, Amor...
Por ti.... y por mí.
Y por todo este mar de flechas,
por este continente de infinitas soledades;
de verdades incompatibles,
de gestos y muecas desechas,
de besos falseados y abrazos mudos.
De la palabras muertas.
De poemas asesinados.
Lloremos el desastre de nuestras vidas.
Lloremos el amarnos, el odiarnos,
el olvidarnos un poco cada día
por temor al dolor,
por miedo a la felicidad ajena.
Tiremos, arrojemos, hiervamos
en puñales salados todos los insultos;
todos los ratos ahogados en la línea telefónica,
todos los rumores que se ahorcaron
entre toneladas de fibra
de vidrio.
Llorémosme... y llorémoste,
porque nos vamos.
Publicado por Antares en 20:22
Vale la pena
¿Para qué tanta letra, tanto desperdicio de papel, tanta tinta?
No me explico para qué, si al final de cuentas, sólo logro revivir esta amarga melancolía, esta tristeza que me devora la razón.
Resulta que al terminar el sendero, del otro lado de este túnel, no había más que esperanza. No había más que mentiras desgastadas por el viento; que risotadas etéreas y flotantes por la inmensidad.
¿Para qué?
¿De qué sirve el prometer de la existencia a tan alto costo: el de la soledad?
Algunos me han dicho eso: Que el SER lleva, oculto en sí, un arduo sacrificio: el sacrificio de la inocencia, inocencia que se pierde a cambio de un don divino, el de la Fe. Que el Ser como tal, con sus pros y contras, es el tesoro más preciado de la humanidad, el más dolido, el más costoso, el más inalcanzable. La más sublime de todas las letanías, la más amarga de todas las promesas de individualidad.
¿Vale la pena quedarse sola, si ese es el precio por ser, por hacer y deshacer? ¿Por constuir?
Publicado por Antares en 19:03
