Favor de acariciar a la Rocamadour.

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Te queda solo la mitad

Me la pusiste difícil.
Me la dejaste realmente complicada.
Lo bueno es que cada día que pasa; cada sol que muere y renace bajo el horizonte, cada estrella nueva, mi dolor se aminora y se va curando esta pústula lasciva en mi corazón.
Tan sólo una mitad mía te pertenece, porque te he robado la otra mitad mientras dormías, plácido y tranquilo, entre amapolas acústicas retorcidas. Te la he robado, sí. Me dolió mucho, también... pero de mis heridas, de mis glóbulos sanguídeos desperdiciados por los azulejos y brillitos de tu habitación, de tus lágrimas y las mías, compré fuerzas... muchas fuerzas; fuerzas inconscientes... pero a rédito.
Sé que tendré que pagarlas (pagártelas) con creces.
¿Pero sabes qué? Poco me importa, pues descubrí tantas cosas, aprendí tantas cosas, resolví e incluso desenvolví misterios ocultos por las nanas sociales que nadie siquiera se había atrevido a confesar...
Descubrí que Rocamadour silba, que la vida misma silba cuando está contenta o cuando tiene hambre.
Y que, del poder total que tenías sobre mí... te queda sólo la mitad.

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Inútil

Hay dos maneras de iniciar un año nuevo: bien y mal.
Iniciarlo bien muchas veces es el comienzo de una grandiosa fortuna y de un presagio esperado de buenaventuranza y hasta de éxito.
Iniciarlo mal... ni qué decir. Nos arrastra el alma en una pila de estiércol.
Yo no sé si lo he iniciado bien... o mal.
Quizá ni bien ni mal.
El año pasado empecé el año casi, casi, no con el pie izquierdo, sino con las nalgas de lo mal que me fue.
Este año, en lo poquito que lleva (menos de un mes) ya me ha mostrado de todo.
¿Qué deparará mi destino?
Nada, supongo.
Mucho ocio, mucha grasa, mucho sueño y obesidad asegurada.

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Astilla de Paz

De todos los experimentos inútiles, de todas las invenciones ociosas y perversas que el hombre (quizá más que los dioses) es capaz de idear, la más insulsa, sobrevalorada, terca e incompresible de todas sus fantasías es una: Vivir.
Estoy tan, pero tan cansada.
Todos estamos cansados.
¿Por qué no irse a dormir? No entiendo... El mundo del Descanso Eterno, del Ensueño cálido y dorado me llamada, desde el extremo oscuro del abismo, desde el otro lado de la Noche. Y yo iría, iría se los juro, de no ser porque sé que mi vida, no siendo ya víctima de nada más y nada menos que del consciente de la propia existencia, está plagada por inumerables deseos y pesadillas que pinchan mis párpados en las madrugadas para hacerme volver, para hacerme vivir, para hacerme más densa y pesada.
¡Denme una razón para vivir que no sea yo misma! Permítanme que sueñe, que cambie, que modifique, que transforme, que dude, que llore, que construya y destruya a mí antojo esta realidad, tan contaminada de hinojos: esta Fe tan marchita.
Esta astilla de Paz.

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De tanto llorar (experimento)

Me dueles tú.
Me duele el cielo.
Me duele el agua, el aire, el sol y el mar.
Me duelen tus ojos.
Me duele tu ausencia.
Me duelen los días, las noches, las horas y más.

Me duele tu pelo.
Me duelen tus dos ojos
(el izquierdo menos que el derecho, quizá).
Me duelen tus dedos,
tus brazos de angustia.
Me duelen tus dientes, tus labios, tu voz, tu faz.

Me duele tu timbre
de sal derretida,
de azul descocido,
de delfín de cristal,
de arena volátil,
de luna sonriente,
de perro abatido,
de ninfa de paz.

Me duele la rima,
me duele el cansancio.
Me duele tu amor, tu abandono y tu afán.
Me duele tu risa
que destroza las copas
de mi alma vacía de tanto llorar.

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Que todo esté bien, por favor.

Te me has ido dos, tres...
¿Cuántas veces?

¿Cuántas veces te me has ido
brincando,
jugando entre trincheras,
entre centellazos de amor y de membrillo?

Ya no las cuento, Corazón.
Se me perdió el número de veces
que has roto mi alma,
que has tirado mis cartas,
entre las incontables canciones de la espuma de mar.

Dejé de contar las pestañas que se te caían,
dejé de contar los deseos que, con el corazón destrozado
pedía mientras sujetábamos el hilo de la mañana
entre tu dedo y el mío;
las veces que me dormí rezando siempre
la misma frase
como un mantra mágico,
como una letanía que atizbaba mi fé,
que alejaba al olvido,
"Que todo esté bien, porfavor.... qué todo esté bien, porfavor"

Y mi tristeza se volvía menos amarga,
mi amor por ti más grande.
...y más lejana me volvía de la realidad.

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México

Ay, mi Pueblo.
Tan ajeno para Dios...
Hundido en el sendero de los siglos,
pestilente a pólvora, o pulque; a democracia

Ay, mi Pueblo:
a la vez
tan lejano para el Diablo.

Tus montes, selvas;
tus cielos cuajados de astros zodiacales,
lloran
tu sepulcro en la Imprenta de los Infelices,
en la tinta carbonizada del Delito, de la sangre,
de las vísceras calientes de tus hijos destrozados
por los perros.

Oh, Paraíso de los Vientos,
Edén de mariposas,
Camastro de golondrinas,
Lienzo para garzas níveas,
que pintadas
por pinceles delicados,
reposan, con sus alas al óleo,
sobre las márgenes de tus ríos...

Ríos que se tiñen con las almas de tus hijos,
que se salan con las lágrimas de las viudas,
con los pies descalzos de huérfanos
que lavan su tristeza sobre las piedras,
sobre las espinas de los nopales.

Ay, mi Pueblo.
Tan ensombrecido... tan dolido.
Tan lleno de nubes cerradas que te obstruyen el paso,
que te tapan el Sol,
que te dejan frío, solo y tenue
bajo la luz cegadora del Mundo.

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Ahora sí: Sin título.

Ahora sí es oficial: se me fueron las letras.
Dejé de leer, pierdo la concentración con facilidad; divago.
Mi maestra de Literatura comete errores o mete la pata y no me molesto en corregir o precisar.
No quiero llegar temprano a ninguna parte.
No compro tiempo aire para mi teléfono celular.
Alimento al hamster con mesura y doy más atención a los peces.
Pienso muchísimo es sushi (mi padre dijo que saldríamos hoy. No cumplió).
Me he levantado tres veces de la silla antes de publicar esto: me estoy quedando vacía.
Hago oraciones enlistadas.
Carezco de nexos lógicos.
Se me mueren las ideas.
Conexiones neuronales trenzadas me hacen creer que recuerdo memorias ajenas y que en mí vivien olores, sensaciones y prejucios que antes no existían: que no son míos.
Tengo sueño crónico.
Tengo pesadillas.

Volveré a los ejercicios básicos de redacción.

Una disculpa a todos, una disculpa incluso al libro que no puedo terminar de leer porque no me pica.

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Líneas de Ocasión by María Fernanda Pérez Ramírez is licensed under a Creative Commons Atribución-No comercial-No Derivadas 2.5 México License.