Favor de acariciar a la Rocamadour.

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Por Amor al Amor



Vaya que ha sido mucho

el tiempo que hemos compartido

a solas,

a tientas,

en la oscuridad de las premisas retóricas

y endulzadas

de las caricias, besos y sales aromáticas

perfumadas de frutos, flores y aves del paraíso.


Y toda esa saliva fluyendo, devanando

amores, deseos y abrasiones de cales vivias,

impregnando mis encías y mis trenes repletos arpías,

de erinias vengativas...

con su gusto a Mar,

con su gusto a Rosas nacidas en los confines estivales de tus ojos,

de tus manos,

de tus dedos de flor recién cortada

por mandato divino: por amor al Arte.

Por Amor al Amor,


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No Vivo


¿...y a ustedes
(y que quede escrito
a sangre,
a papel:
A Ustedes)
quién les dijo que yo era Buena?

¿Que yo era linda, pura,
honesta,
la verdad de la inocencia
y la paloma intachable deen la tempestad?

Si yo soy sólo un Humano,
como todos.
Con sus carrizos y trincheras,
con los cordones desatados
y las gotas de sudor corriendo,
resbalando e incluso cantando,
por la punta de la nariz, hasta la barbilla.

No,
no soy Buena,
Soy todo lo contrario:

Soy Terrible.
Pérfida, malvada, socavada en lágrimas y en podredumbre
como el resto de las tormentas de angustia destinada
a la rumba de la noche oscura
des-estrellada,
des-lunada,
des-esperante....

¡Mírenme!
¿Dónde esta lo Bello que todos dicen,
la hermosura, el mármol, el ónix,
la esmeralda, la rosa, el rocío recién amanecido
que me persigue,

me que soslaya con la punta de sus cabellos rizados

la maraña de ojos que es mi vida?


No,

soy cisañoza,

soy un nido de roncor:

No perdono, no olvido, no escucho...


No canto, no río; No Vivo.

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Maldición

Maldita Ira,
Maldito Amor...
Maldita pérdida y desconsuelo...
Maldita esperanza,
Maldito amanecer...

Maldita vida.

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En mi cabeza



Es un sedal de oro,

un hilo fino de pelusas matutinas,

de cafés ahogados en el crepúsculo sangriento,

y en las Lunas Llenas.


Dentro de mí,

se ataba a mis rodillas,

a mi vértebras,

a mis pulmones y costillas

y halaba cuando te hartaba la vida,

o te inconsumaba el olvido de las hojas y de las gotas de rocío

en las barandas.

Entonces yo lloraba tus sueños estrepitosos

y lóbregos

en un conjunto convulso de vacilaciones, lágrimas y saliva

y te pensaba

en los rincones,

en las estrellas,

en las noches,

en mis poemas...


Hasta que te filtraste uno a uno,

en una letra primero,

luego en una frase...


Hasta que una Luna enorme y herida

se posó

para siempre

en mi cabeza.

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De la Noche



Dos lobos
en la noche
se encuentran
bajo el manto estrellado de la madrugada.

Son las 4, los astros brillan con audacia
y
agreden
con su fuego
las pupilas caninas...
las luces rebotan en los colmillos que se muestran,
dentelladas vuelan por el aire,
irrumpiendo,
en destellos amarfilados,
en una una lluvia de chispas y gruñidos.

Un aullido feroz zurca
con su vuelo estrepitoso,
el prado,
chocando con los árboles
y con la Luna...

Me despierta...

Tus labios chocan con mi espalda: duermes.
Tu mano,
lánguida,
reposa en mi cintura.
Estás temblando...

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Hoy es noche de poemas


Es como su fuésemos distintos;
como si cada quien
en su mundo - trinchera,
susurrara palabras de amor y de consuelo para el Otro,
sin ser oído
o
siendo malinterpretado.
Es como su fuésemos de mármol,
uno y otro,
y como si nuestros labios fuesen
como el alabastro pulido de los obeliscos:
bello, fino, cortante...
frío como un trozo de hielo pendido de una flor de la mañana.
Y los besos son como pétalos áureos de la brisa;
fugaces, pasajeros:
delicados, como un ave en celo...
pasionales, como el viento huracanado del temporal...
o tristes, melancólicos, ocultistas; como los gatos
que poblan los tejados de los monasterios
o las estrellas, que desprenden destellos filocortantes
al resto de los astros de la Creación.
Somos dos notas
(yo soy Re, tú eres Fa si quieres)
tocadas a contratiempo;
como dos partes de un Cannon que nunca existió.

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Para alguien que nunca existió



Ya tantos días… y las noches.
Y los Sueños.
A cada instante te me metes en los poros y me respiras,
Con tu hálito de dientes y de autofagias sobrepuestas,
Sobrecogidas,
De alambradas errantes de trémulas ocasiones del fracaso.

Caray, vaya que me haces falta…
Vaya que cada minuto en que pestañeo, pierdo
A momentos desesperados,
Un trocito de paz y de tristeza.

Me siento triste,
Y triste y sola,
Porque tú no estás aquí…

Y todos estos besos y abrazos se me coagulan en la sangre,
Y hacen, del tracto vascular, toda una lucha implacable de arroz y de vino:

De vino blanco, cristalino,
Como las gotas de rocío sobre tus pestañas,
O sobre tu boca húmeda, entreabierta,
En un beso eterno para alguien que nunca existió: Yo.

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